Víctor:
Llegaste a nosotros un día… no recuerdo
el año… pero si recuerdo el día… fue en Sartenejas, al salón del Orfeón. Un
muchachito de 17 años que venía de la Victoria, estudiaba en la USB y quería
cantar. ¡Cuántos años pasaron…!
No voy a contar tu historia, pero sí a
recordar todas las cosas buenas que me hacen revivir tu sonrisa, tu
creatividad, tu afabilidad, tu respeto, tu inagotable curiosidad intelectual y
artística; tu generosidad, tu sentido de equipo y colaboración, tu entrega
solidaria a tantos proyectos y sueños, en fin, querido Víctor, recordar que el
balance de tu vida con nosotros fue maravilloso.
Como barítono en los coros, tanto del Orfeón
Universitario Simón Bolívar, como de la Schola Cantorum de Venezuela, el Coro
Mundial y los montajes sinfónico corales; todos tus amigos y colegas te
recordarán con profundo afecto, por tu cooperación, musicalidad y exigencia
artística. Siempre estuviste dispuesto a dar lo mejor de ti, a cantar a pleno
pulmón, a ayudar a tus compañeros. Gracias Víctor.
Como director, cuando Alberto y yo te
pasamos la batuta del OUSB en 2008 junto a Pedro Silva. Tus orfeonistas de la
USB te recordarán como un director
entusiasta y muy creativo. Tus niños de los Pequeños Cantores aún sonríen con
tus ocurrencias.
Como maestro de canto, tus alumnos de la
Schola Juvenil, de la Schola Cantorum de Venezuela, del Orfeón, de los países
andinos, de los Pequeños Cantores te recordarán como un Maestro generoso, lleno
de energía, de entusiasmo y que no hacía
concesiones. Tus sesiones de calentamiento corporal y energético eran geniales.
Como maestro de gregoriano te recordarán
algunos de los seminaristas, hoy sacerdotes, como un gran cantor, conocedor de
la liturgia y de una sensibilidad singular.
Yo, querido Víctor, te recordaré como un
hijo amado, inquieto, inteligente, muy generoso, con quien pude compartir
el amor y el entusiasmo por el canto
gregoriano, por la música de Bach, por los textos sacros, por la música coral
toda, por la vida, por los conocimientos espirituales y alternativos y con
quien también tuve que discutir mucho, luchar y aconsejar en tantas
oportunidades.
Ya en tu nueva morada, canta Víctor con
tu bella voz de barítono y tu sensibilidad especial, esas palabras del Réquiem
de Brahms, que cantaste con tanto amor en aquel concierto inolvidable:
Revélame, por tanto, Señor, que mis días deben tener un final, que mi vida tiene un destino y que me debo a él. ¡Mira!, en tu presencia, mis días son como la palma de tu mano, y mi vida, ante ti, no es nada. ¡Ah!, todos los hombres son apenas nada y, sin embargo, viven tan seguros. Desaparecen como una sombra y en vano se agitan; Acumulan riquezas sin saber a quién aprovecharán. Y ahora Señor, ¿qué podrá consolarme? En ti deposito mi esperanza. (Salmo 38, 5-8)
Nosotros desde aquí contestaremos:
Las almas de los justos están en las manos del Señor y ninguna pena podrá perturbarlas.
¡Descansa en Paz!
María Guinand, Caracas, 26 de enero de 2014
Victor González
Víctor comienza sus estudios musicales en la Escuela Superior de Música José Angel Lamas (Caracas), para luego continuarlos en el Instituto Universitario de Estudios Musicales (IUDEM, Caracas) donde estudia dirección coral con los maestros Alberto Grau, María Guinand, María Adela Alvarado y Ana María Raga; y canto bajo la tutela de la maestra Margot Parés-Reyna.
Fue maestro del Proyecto Voces Andinas a Coro, auspiciado por la Corporación Andina de Fomento, en los países de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, Director-fundador de la agrupación de voces masculinas Sine Nomine y del Grupo Vocal Éxodo, Director ejecutivo de la Academia Bach de Venezuela, Director del Orfeón Universitario Simón Bolívar, Director asistente y Profesor de canto de la Schola Cantorum de Venezuela y miembro del equipo de directores y profesores de canto de los montajes sinfónico corales que lleva a cabo la Fundación Schola Cantorum de Venezuela conjuntamente con el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela.
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